SENSACIÓN DE PERDER EL TIEMPO

El otro día, en un momento de reflexión, me di cuenta de algo.

Me agobia mucho sentir que pierdo el tiempo.

No hacer, no avanzar, no estar haciendo algo “útil”, o no ser eficiente en lo que hago. 

Y no es un agobio pequeño.
Es algo que me remueve bastante.

Siempre lo había justificado como exigencia de querer hacer las cosas de manera eficiente.
Como parte de mi forma de ser.
Como que soy una persona que quiere aprovechar el tiempo de la mejor manera posible. 

Pero no.

No era solo eso.

Me paré a mirar de dónde podía venir esa sensación.

Y empecé a pensar en pérdidas.
Personas que ya no están.
Momentos que se han ido.

Hasta que me vino Sara.

Mi primer embarazo.

Y ahí lo entendí todo de golpe.

No era que no quisiera perder el tiempo.

Era que, en algún lugar dentro de mí, siento que la vida se puede ir en cualquier momento.

Que un día está…
y al siguiente no.

Y desde ahí, sin darme cuenta, empecé a vivir con prisa.

Haciendo cosas.
Llenando espacios.
Sin parar demasiado.

Como si parar fuera perder el tiempo.
Como si parar fuera no vivir.

Y claro…

te puedes pasar el día haciendo mil cosas y no estar viviendo nada.

Y también puedes no estar “haciendo nada”y sentir que estás completamente viva.

Ahí es donde creo que me estaba equivocando.

No se trata de hacer más.

Se trata de estar más.

De estar de verdad en lo que estás viviendo.
Aunque no sea productivo.
Aunque no “sirva para nada”.

Porque eso también es vida.

Y quizá no estamos perdiendo el tiempo…

igual estamos olvidando vivirlo.

Nos ponemos en el hacer y nos olvidamos del Ser.

¿Y tú?

¿Estás viviendo…
o estás intentando no sentir que no lo haces?

Regresar al blog